Inquietudes de Israel

17/Feb/2011

El Reloj, Moshe Yanai

Inquietudes de Israel

Miércoles, 16 de febrero de 2011 Como cualquier otro habitante de este planeta, durante las últimas semanas he estado pendiente de los sucesos dramáticos que envuelven al mundo árabe.
Como cualquier otro habitante de este planeta, durante las últimas semanas he estado pendiente de los sucesos dramáticos que envuelven al mundo árabe. Tal vez más que cualquier europeo o americano; al fin y al cabo, Israel y los países en cuestión no son los mejores amigos, y cada foco de intranquilidad local puede derivarse en problemas entre el régimen en cuestión y mi país. Nosotros, los israelíes, recordamos tantas ocasiones en que nuestro joven país ha tenido que afrontar conflictos militares, porque era algo así como el chivo expiatorio de los problemas internos de tales países.
El caso es que el Medio Oriente y África del Norte se encuentran en la noticia, y el interés se concentra (al margen de Túnez y Egipto) en Yemen, Irán, Siria, Libia, Marruecos y hasta algunos emiratos del Golfo Pérsico para empezar, y en otros países como El Líbano, Jordania y la Autoridad Palestina, en un segundo término. Lo singular del caso es que nadie habla de Israel en ese aspecto. Por una vez, brilla por su ausencia en la noticia. Nadie, ni el más enconado opositor puede negar que mi país es una democracia. Lo es el pleno sentido de la noticia. Y eso no se puede desvirtuar, por mucho que les pese a los anti-israelíes, que ahora encubren bajo ese lema sus tradicionales sentimientos antisemitas.
Las revoluciones tunecina y egipcia fueron obra de una generación joven que pedía libertad, y mejores oportunidades para prosperar en un mundo nuevo. Ambos países cuentan con un señalado porcentaje de pobreza, que llega a límites tan extremos que los occidentales no pueden llegar a comprender, amén de tener un régimen tan corrupto. Israel tiene también sus necesitados, y el problema es comentado aquí más de lo que hubiera podido ser el caso. Pero la corrupción no es el problema principal y la prensa es totalmente libre, y ambos temas son tratados ampliamente. Pero en comparación con los pobres de aquellos países, los del mío son gente en situación desahogada. El paro aquí es relativamente reducido: roza un 6%. El país ha podido sobrevivir la crisis mundial, y se acusa un elevado aumento del producto bruto de un 4% anual. Recuerdo lo que me dijo años atrás un trabajador de la Argentina, ahora israelí integrado: “Le aseguro que no hay persona en este país dispuesta a trabajar, que no sea capaz de encontrar trabajo”.
Últimamente, los medios dedicaron preferente atención al aumento de los precios, derivados en parte de la suba registrada a nivel universal. El Gobierno ha reducido algunos, pero hace unos días se organizó una manifestación de protesta frente a la Oficina del Primer Ministro, organizada por el laborismo opositor. En total llegaron unas 40 personas, las que se miraron incrédulas, se encogieron de hombros y no tardaron en volver a casa. A nadie le gusta hacer el ridículo. Hoy, martes, 15 de febrero, está programada otra concentración que seguramente reunirá a varios miles de personas. Protestarán contra el aumento de precios, pero ni por asomo nadie pedirá libertad o democracia. Es inconcebible aquí lo que en otros países sería moneda corriente.
Algún que otro comentarista extranjero ha aventurado la tesis que Israel hubiera deseado eternizar el régimen autocrático de Mubarak, por estrechos intereses personales. La verdad es que Israel mantuvo buenas relaciones con el ex Presidente egipcio, en la base de no intervenir en los asuntos internos de otro país. Y el hecho evidente es que el movimiento político más cohesionado de ese país en el momento actual son los Hermanos Musulmanes, que abiertamente han hablado de anular el acuerdo de paz firmado en 1977 entre Egipto e Israel. Además, hay sobradas razones para creer que, aunque actualmente asuman una posición moderada, su objetivo final es la creación de un país fundamentalista como el Irán actual de los ayatulas. De modo que es comprensible que este país haya seguido con más interés que nadie los sucesos de El Cairo. No hay que olvidar que fuera de Irán, el país del Nilo cuenta con el más formidable ejército del Medio Oriente.
Ahora esperamos que la situación se estabilice en Egipto, que surja un Gobierno democrático y que se mantengan las relaciones normales, aunque no sean tan cordiales como hubiéramos querido. Israel anhela la paz, con ese país y con los palestinos también. De eso no cabe duda.
Moshé Yanai